Créditos de carbono: el bitcoin verde del futuro

Los créditos de carbono serán muy pronto los comitentes en la vida de todos los seres humanos.

En el acuerdo de París 2015 los gobiernos se comprometieron a alcanzar para el año 2050 una emisión neutral de emisiones en gases de efecto invernadero en el planeta (GEI); para llegar al objetivo propuesto deberíamos reducir ya en el 2030 un 50% las mismas. Esta es una de las razones por las cuales los grandes jugadores como BlackRock, Amazon, Google, Goldman Sachs y Apple ya comenzaron a invertir en estos mercados.

Los gobiernos más representativos de nuestra casa común coincidieron por medio del acuerdo en la necesidad imperiosa de frenar el aumento de la temperatura global, quien tiene una tendencia alcista a corto plazo de 1,5 °C. En 2018, el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático advirtió, para evitar impactos irreversibles en el planeta, que el calentamiento global no debe superar aquella temperatura.

Veinticuatro años atrás, en 1997, se firmó El Protocolo de Kioto mediante el cual se comenzaron a tomar algunas medidas para mitigar las emisiones de efecto invernadero y promover el crecimiento sustentable de los países en desarrollo. Una de las tres propuestas que se incluyeron en el Protocolo para estabilizar las emisiones de GEI fueron los bonos de carbono, presentada en 1993 por la economista argentina Graciela Chichilnisky.

Los bonos de carbono son certificaciones que representan a una tonelada de dióxido de carbono que se remueve de la atmósfera terrestre. En dicho protocolo se permitió la creación de mercados de carbono, los que pueden dividirse en dos tipos: i) mercados de “cap and trade” o mercados regionales regulados, como el que existe en Europa (ETS) desde 2005; y ii) mercados voluntarios de créditos de carbono, generados a través de proyectos de mitigación que permiten la compensación a través de compras/ventas negociadas de forma extrabursátil.

Según lo estiman diversos reportes, los valores de los créditos de carbono podrían esperar un retorno de 600% para el año 2050, con el antecedente de ser al momento, una de las inversiones más rentables del año 2021, superando a las criptomonedas y a varias acciones de primera línea.

La naturaleza y el hombre han encontrado una nueva excusa para volver a amigarse, siendo esta una solución propositiva y realista frente a una humanidad cada vez más próspera. Es sin dudas ridículo querer frenar el progreso colectivo pensando alternativas prohibicionistas como promueven algunas ONG lobbystas por el cambio climático, las que deben comprender que no hay sectores contaminantes, sino tecnologías viejas. 

En relación a ello, los créditos de carbono son una solución empática con el desarrollo humano, que irá acompañando de la mano al avance tecnológico y la innovación de aquellos sectores aún tradicionales de la matriz productiva. 

Argentina y sus políticas de estado deberán con celeridad establecer qué rol le darán a sus nuevas “minerías” de crédito ambiental. Estamos ante a una inmensa oportunidad que, una vez más, no podemos bajo ningún aspecto permitirnos dejar pasar.

Más info: politicahoy.com

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